REGRESANDO
- 10 oct 2015
- 2 min de lectura

He perdido el miedo a perderme, porque cuando lo hago, me descubro a mi misma. Despierto de la nube que bloqueo mis sentidos y me dejó hechizada con la pequeña parte de lo que podría componer mi vida. Reencuentro todo lo que dejé de lado por unos instantes… cada idea, sueño, meta, locura, aspiración… todo. Lo valoro nuevamente, dándome cuenta que merece mis desvelos y que no tiene ni el derecho de consumir mis minutos.
Porque cuando me pierdo no parece existir luz alguna que alumbre ese camino disfrazado de tinieblas, ni que calle sus susurros que no creen en nada más allá de ese túnel hueco. Cuando todo parece caer y tu caes con él. En algún momento te levantas y pisas fuerte queriendo decir… “aquí estoy yo”. No me voy a convertir en una sombra por mas que todo parezca quitarme el color porque seré yo quien me pinte hasta que el color no se vaya. Seré yo quien me recuerde cuanto valgo hasta que hasta que llegue otro que crea en mi.
No dejaré que todo se vaya en su maleta, porque antes que él apareciera componían mi equipaje. Esos planes que compartí, los miedos que confesé… que solo él llegó a conocer, fueron y son míos.
Así que, dejaré que se lleve mis trozos desechos con su adiós silencioso junto con la mitad de nuestros recuerdos. Los que desee guardar. Mientras, yo tiraré cada mal momento, curando cada herida con cuidado para que no infecte cada parte que mereció la pena de esta historia a medias. Guardados quedaran junto a cada sueño, hasta que florezcan y se transformen en realidad, pudiendo disfrutarlo con quien se quede sin miedo para ver la playa mas pura jamás creada.
Sueños tan alcanzables como el empeño que se le ponga y tan compaginables como el deseo pleno de hacerlo junto a ese camarada de viaje. Porque al final perdiéndose, vamos encontrando al aventurero adecuado de travesía, la vida misma.
L . f .









































Comentarios